Pia llegó sola a Buenos Aires a los 16 años para estudiar Medicina en la UBA. Describe las diferencias culturales que encontró en Argentina respecto de Perú, su país natal.
Pia, una joven peruana de 23 años, se mudó sola a Buenos Aires a los 16 años para estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). En una entrevista, relató su experiencia migratoria y las diferencias culturales que encontró entre Perú y Argentina.
Antes de llegar a Argentina, Pia vivía en un internado en Perú, donde su rutina estaba programada desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde con materias formales y actividades extracurriculares. Los fines de semana regresaba a su casa, donde pasaba tiempo en familia e iba a la iglesia. «Mi vida antes de llegar a Argentina era bastante monótona y tranquila», describió.
La joven mencionó que en su entorno predominaba una formación cristiana con temas considerados tabú y jerarquías familiares marcadas por la edad y el sexo. «A través de esas lecturas fui descubriendo nuevas ideas y perspectivas, y comencé a darme cuenta de que existían muchos temas sobre los que no podía hablar con libertad en mi entorno», contó.
Pia decidió migrar a Argentina tras culminar el secundario, atraída por el reconocimiento y la calidad de la universidad. «En mi familia extendida la decisión fue recibida mayormente con desaprobación. Muchos cuestionaban a mis padres por permitirlo y no tardaban en hacérmelo saber con la intención de desanimarme; gran parte de esos comentarios giraban alrededor del hecho de que era mujer y de que viajaría sola a otro país», reveló.
Al llegar a Buenos Aires, se instaló en una residencia estudiantil cerca del Congreso. «Una de las primeras cosas que me sorprendió fue el ritmo con el que los jóvenes parecían vivir sus vidas», afirmó. «A diferencia de lo que yo conocía, percibí menos urgencia por terminar una carrera lo antes posible y una mayor libertad para elegir qué estudiar u oficio seguir según los propios intereses».
Entre las diferencias que notó, mencionó: «También me llamó la atención la facilidad con la que las personas expresaban lo que les gustaba o les molestaba, así como la naturalidad con la que se reunían para disfrutar de planes sencillos». Y agregó: «Del mismo modo, percibí una menor influencia de la religión en la vida cotidiana y una forma de relacionarse mucho más horizontal».
Pia ingresó a la UBA para estudiar Medicina y describió su experiencia: «Siento que mi calidad de vida fue mejorando a medida que conocía el país y lograba adaptarme. Vivir en una ciudad más ordenada y limpia, contar con un transporte público eficiente, tener acceso a espacios de recreación y esparcimiento gratuitos, educación superior de calidad y gratuita, mayor seguridad social y percibir menor acoso callejero fueron algunas de las cosas que más influyeron positivamente en mi experiencia».
La joven también destacó el impacto de sus amistades argentinas: «Las amigas argentinas que conocí se caracterizaban por la libertad con la que podían hablar de cualquier tema. Los tabúes parecían casi inexistentes y existía una gran facilidad para generar intimidad, compartir experiencias personales y escuchar sin juzgar».
Conoció a su novio argentino, quien la introdujo a su familia. «Desde el primer día en que mi novio me presentó a su familia, no tardaron en hacerme sentir como en casa: me recibieron con mucho cariño, naturalidad y una confianza que rápidamente me hizo sentir parte de la familia», aseguró. «Ciertas formas de cercanía, afecto e intimidad, incluso algo tan cotidiano como tutearse entre los distintos integrantes de la familia, que en mi entorno peruano podían tardar años en construirse, aquí surgían de una manera mucho más espontánea y natural».
Actualmente, Pia cursa el último año de Medicina y reflexiona sobre su futuro: «Creo que uno de los principales desafíos laborales después de migrar es decidir dónde conviene proyectarse profesionalmente a largo plazo». Y añadió: «A pesar de no tener ningún familiar, se me hace mucho más difícil pensar en dejar Argentina de lo que fue dejar Perú».
«Hoy siento que mi vida y mi personalidad están profundamente formadas e impregnadas de Argentina. Sin embargo, el hecho de no haber tenido demasiado tiempo para experimentar y convivir con Perú más allá de las aulas, las normas de mi casa y la iglesia, me hace preguntarme si, en busca de cierta libertad, en algún momento perdí mi identidad o si alguna vez tuve realmente la oportunidad de construirla plenamente», concluyó.
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