A cinco días del balotaje presidencial en Brasil, las encuestas de las principales consultoras muestran una diferencia estrecha entre Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva. Datafolha registra 51% para Bolsonaro y 49% para Lula, mientras que AtlasIntel/Bloomberg indica 51,1% contra 48,9%.
A cinco días del balotaje presidencial en Brasil, Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva llegan a la recta final en un escenario de empate técnico. Aunque el senador del Partido Liberal consiguió sumar a buena parte de la derecha y la centroderecha, las últimas encuestas muestran que la ventaja que tenía se redujo y que el actual presidente logró acercarse en la intención de voto.
Los relevamientos de las principales consultoras brasileñas reflejan una competencia ajustada. Datafolha ubica a Bolsonaro con el 51% de los votos válidos y a Lula con el 49%, mientras que AtlasIntel/Bloomberg registra una diferencia similar, de 51,1% contra 48,9%. Quaest, por su parte, mide una intención de voto del 46% para el senador y del 44% para el mandatario. Las cifras varían según la metodología de cada estudio, pero coinciden en mostrar una distancia estrecha entre los dos candidatos.
El acercamiento se produce en un contexto de alianzas políticas diferentes. Bolsonaro logró reunir a buena parte del arco de derecha y centroderecha, mientras que Lula mantiene el respaldo de los principales sectores de izquierda, con menos apoyos partidarios por fuera de ese espacio. La diferencia entre ambos bloques constituye uno de los datos centrales de la campaña, en un escenario en el que la amplitud de los respaldos políticos no se traduce necesariamente en una ventaja mayor en las urnas.
Flávio Bolsonaro sumó a buena parte de la derecha
Después de la primera vuelta, el senador recibió el respaldo de distintos partidos y dirigentes de derecha y centroderecha, entre ellos União Brasil, Republicanos y Podemos, además de referentes como Ronaldo Caiado y Romeu Zema. Las adhesiones ampliaron su base política más allá del electorado identificado directamente con el bolsonarismo.
La estrategia busca consolidar una coalición alrededor de una agenda que incluye la seguridad pública, las propuestas económicas liberales y posiciones conservadoras. También reúne a dirigentes con representación parlamentaria, un factor que podría resultar relevante para las negociaciones en el Congreso si Bolsonaro gana la segunda vuelta.
Sin embargo, los acuerdos entre partidos y referentes no garantizan que todos sus votantes acompañen al candidato. El desafío del senador es convertir esos respaldos en votos efectivos y sostener la ventaja que todavía le asignan algunos sondeos.
Lula recorta la distancia con menos aliados
Lula, por su parte, cuenta con el respaldo de su Partido de los Trabajadores y de otras fuerzas de izquierda, pero tiene una red de apoyos partidarios más acotada que la de su rival. Su principal desafío es ampliar su base electoral, retener a sus votantes y atraer a quienes todavía no definieron su elección o apoyaron a otros candidatos en la primera vuelta.
La evolución de las encuestas muestra un acercamiento entre ambos postulantes. En el último relevamiento de AtlasIntel/Bloomberg, la distancia se redujo respecto de la medición anterior: Bolsonaro pasó del 51,1% al 49,8% de la intención de voto total, mientras que Lula subió del 45,7% al 47,6%.
Datafolha también registró movimientos en esa dirección. En sus dos últimos estudios, el senador pasó del 49% al 47% de intención de voto, mientras que el presidente se mantuvo en el 45%. De esta manera, Lula achicó la diferencia, pese a que Bolsonaro consiguió sumar a buena parte de los partidos de derecha y centroderecha.
El mapa electoral también presenta diferencias regionales y sociales. Lula mantiene su principal fortaleza en el nordeste, donde el PT cuenta con una base histórica de apoyo, mientras que Bolsonaro registra mejores resultados en varias regiones del sur y el sudeste. Estas diferencias forman parte de la disputa por consolidar los votos propios y sumar adhesiones en los últimos días de campaña.
