A pesar de la turbulencia global, Argentina logra estabilidad financiera y mejora su calificación crediticia, aunque persisten dudas sobre el consumo, el empleo y el malestar social.
La economía argentina ofrece señales contradictorias, con aspectos positivos en el ámbito financiero y desafíos en el plano social. En un contexto de guerra en Medio Oriente, bloqueo del estrecho de Ormuz y suba del petróleo, el Banco Central de la República Argentina adquirió en abril una de las cantidades de dólares más elevadas desde el fin de la convertibilidad. El riesgo país continúa en descenso y se acerca a los 500 puntos, mientras que gobiernos como los de Chubut y la Ciudad de Buenos Aires lograron colocar deuda internacional a tasas impensadas antes de la gestión de Javier Milei.
La agencia Fitch elevó la calificación de Argentina de CCC+ a B-, y el banco suizo UBS estimó que el riesgo país podría caer hacia los 400 puntos si persiste la compra de reservas. El EMFI Group, entidad británica, mantuvo su recomendación de compra de bonos argentinos pese a considerar que el principal riesgo sigue siendo político. Sin embargo, la recuperación económica es desigual: sectores como el energético, minero y agrícola crecen, pero no generan suficientes empleos para compensar las pérdidas en industria y comercio.
Barclays señaló que si bien la ciudadanía reconoce la baja de la inflación (de cerca del 300% al 30% anual), el consumo y los ingresos vuelven a ser relevantes. El malhumor social y la caída de la imagen positiva de Milei en los últimos dos meses preocupan al oficialismo, especialmente por el ascenso de la corrupción como inquietud ciudadana, según sondeos. La senadora Patricia Bullrich exhortó al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a anticipar su declaración jurada patrimonial de 2025, en medio de declaraciones de testigos que revelan nuevas erogaciones. Adorni aseguró que cumplirá, pero observadores judiciales dudan de que pueda hacerlo antes de que terminen las testimoniales.
