Sebastián Villanueva, un porteño de 33 años, cumplió el sueño de recorrer las Américas en moto durante cinco años y dos meses, desde Ushuaia hasta Alaska y de regreso al Obelisco.
Empezó su viaje en 2021, en plena pandemia, con un sueño: recorrer las Américas en su moto Pantera. Lo cumplió tras cinco años y dos meses recorriendo el continente de punta a punta. Se fue desde Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, hasta las auroras boreales de Alaska, y regresó desde el frío polar hasta el mayor emblema de Buenos Aires: el Obelisco, donde llegó el 1 de mayo ante una multitud de fanáticos, amigos y familiares.
Sebastián Villanueva es porteño, oriundo de Barracas, y tiene 33 años. Desde chico siempre le gustó la adrenalina. A los dos o tres años ya andaba en bicicleta. Su amor por las motocicletas llegó un poco más tarde, a los 13 años. «Empecé con un tío mío, mi tío Quique, que era un gran referente para mí y que falleció en 2013. Él me enseñó a andar en moto cuando mis piernas aún no llegaban al piso. Y así arranqué, haciendo equilibrio», contó Villanueva.
Desde 2015, venía planeando el viaje de su vida aunque por cuestiones familiares y laborales recién pudo darle forma para el 21 de marzo de 2020. Sin embargo, la pandemia de Covid-19 obligó a cancelar la salida. El 20 de marzo, un día antes de su salida, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, decretó la cuarentena en todo el territorio nacional. En ese contexto el joven argentino tuvo que reinventarse. «Yo trabajaba de marketing, todo lo que era social y eventos, había muerto», explicó. Fue ahí que decidió comprarse un scooter para empezar a repartir pedidos. «Empecé a generar una red de contactos y a repartir, y la verdad es que me fue muy bien», recordó. A su vez, utilizó el scooter para practicar de cara a su futuro viaje. «Lo voy a usar, más allá de un trabajo, como un entrenamiento para estar todo el tiempo arriba de una moto. Esa fue mi mentalidad. Me ponía la radio, arrancaba y empezaba a repartir los pedidos. Tenía 30 o 40 pedidos por día. En un momento, dije: ‘Bueno, ya está, me voy a poner una fecha de salida'», explicó.
Fue así como el 5 de marzo de 2021 Villanueva decidió poner en marcha su travesía. Casualmente e irónicamente, lo hizo el Día del Motociclista Argentino sin saberlo. Partió desde Ushuaia rumbo a Alaska. En el camino argentino recorrió la Ruta 40 y distintos trayectos cercanos. Después continuó por Bolivia y Brasil hasta llegar al Amazonas. «Navegué tres días por el río Amazonas desde Santarém hasta Manaos. Después, estuve unos días ahí y agarré la BR-319, la famosa ruta fantasma que atraviesa el Amazonas desde Manaus hasta Porto Velho», explicó. Y sumó: «Son unos 350 kilómetros de pura selva y tierra. En temporada de lluvia se forma un barrial imposible, pero yo la hice en época seca. Atravesás todo el pulmón del Amazonas, donde te podés encontrar con todo tipo de animales. Llegué a Porto Velho y desde ahí me desvié hacia Perú. Entré por Puerto Maldonado, que está muy cerca de Cusco».
Después siguió por Ecuador y Colombia. «Cuando estaba en Colombia abrieron nuevamente el paso hacia Venezuela después de no sé cuántos años, entonces decidí ir para allá. Hice cuatro meses en Venezuela, volví a Colombia y crucé a Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y El Salvador». Luego continuó por Guatemala, México, Estados Unidos, Canadá y Alaska, hasta llegar a Prudhoe Bay, marcando el punto más septentrional de las Américas. «Después recorrí Alaska y crucé nuevamente a Canadá, llegando otra vez al círculo polar ártico canadiense, que es mucho más extremo en cuanto a condiciones porque es más inhóspito. También llegué al mar Ártico, donde acampé y me bañé. Era muy frío», explicó Sebastián.
Comenzó el regreso en noviembre de 2025, con temperaturas de hasta 25 grados bajo cero. En ese tramo atravesó tormentas de nieve, rutas completamente congeladas y situaciones que recuerda como muy difíciles. En el pueblo de Teslin, situado en el territorio de Yukon, en Canadá, un día no le permitieron guardar la moto bajo techo y pasó toda la noche a 17 grados bajo cero. Al día siguiente, el vehículo no arrancó. «Estuve intentando calentarla durante todo el día. Hasta que la gente del lugar donde me hospedaba entendió que, si la moto no entraba en algún cuarto o espacio cerrado para calentarse, no iba a arrancar. Entonces, desde las dos de la tarde hasta las diez de la noche, la metimos en un cuartito de herramientas, muy pequeño, donde guardaban maquinaria. Recién a las 11 de la noche arrancó», contó.
Al día siguiente, vivió el peor día del viaje. Recorrió 260 kilómetros con temperaturas de 25 grados bajo cero. «Fue una de las cosas más extremas que hice en mi vida, con mucho riesgo también. Estuve siete u ocho horas manejando, me agarró un principio de hipotermia, casi me muero. Me quemé una mano por el frío y se me deformaron las córneas de los ojos. Estoy vivo de milagro», dijo. Y sumó: «No encontré ningún lugar para refugiarme. Fueron 260 kilómetros sobre hielo, en condiciones extremas. Arriba de la moto, con la velocidad, la sensación térmica llegaba a 40 o 45 grados bajo cero».
