Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida como Taty Almeida, falleció a los 94 años. Fue una de las figuras más representativas de la lucha por los derechos humanos en Argentina.
Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, más conocida como Taty Almeida, falleció a los 94 años. Fue una de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y una de las voces más emblemáticas en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en Argentina.
Nacida en Buenos Aires en 1930, aunque inscripta por error el 4 de julio en lugar del 28 de junio, provenía de una familia con profundas raíces castrenses. Su padre era oficial del Ejército, de Caballería. Por su carrera militar, la familia residió en distintos puntos del país, especialmente en Mendoza.
En declaraciones a la revista del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Almeida describió su infancia como “divina” y señaló que tuvo “una niñez, una adolescencia, una juventud maravillosas, un hogar estupendo”. Relató que su padre, jefe del Regimiento 7° de Caballería en San Rafael, rechazó una propuesta para obtener electricidad gratis mediante conexiones irregulares. “Nosotros jamás anduvimos en el auto oficial, nunca íbamos en colectivo, al colegio público”, afirmó.
La familia se instaló en Buenos Aires en 1945, en un departamento sobre la avenida Federico Lacroze, en Belgrano. Allí celebró sus 15 años. Estudió magisterio en la escuela pública y se recibió en 1950. “Nunca pensé que iba a seguir ejerciendo como maestra: maestra de la vida, con un pañuelo blanco en la cabeza”, declaró.
En 1953 se casó con Jorge Almeida y tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana. Ejerció como docente durante algunos años hasta dedicarse a la crianza. En 1970, a los 40 años, tomó la decisión de separarse. “Reconozco que fui pionera”, dijo entre risas, recordando el apoyo de su familia y su ex suegra.
Almeida reconoció que creció en un ambiente militar y antiperonista. “Toda mi familia militar: mi padre, oficial de Caballería; mi hermano, coronel; los maridos de mis hermanas, oficiales de Aeronáutica; los hermanos de mi ex marido, oficiales del Ejército. Yo me crié en ese ambiente, o sea, antiperonista”, afirmó. En una entrevista con Perfil en 2006, recordó que su hijo Alejandro solía abrazarla y decirle: “Esta gorilita de mierda. Sin embargo, ¡cómo la quiero!”. Ella misma admitió: “Yo era gorila. Lo único que sabía de política era que me sentía antiperonista”.
La desaparición de su hijo Alejandro, el 17 de junio de 1975, marcó un punto de inflexión. “Yo tenía 45 años y vivía en una burbuja”, admitió. A partir de ese momento inició una transformación personal y política que la llevó a convertirse en Madre de Plaza de Mayo. “Así como yo estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, Alejandro me parió”, expresó.
