Un libro usado con una dedicatoria de Ángel Rosenblat hallado en Buenos Aires repasa la trayectoria del lingüista nacido en Polonia, formado en Argentina y nacionalizado venezolano, que dirigió el Instituto de Filología Andrés Bello en Caracas.
En una venta de libros usados cerca de su casa, el autor de la nota original encontró un ejemplar de Lengua y cultura de Hispanoamérica, del filólogo y lingüista Ángel Rosenblat, perteneciente al extinto catálogo del Ministerio de Educación de Venezuela. El libro contiene una conferencia dictada por Rosenblat en la Universidad de Berlín en febrero de 1933.
En la esquina superior de una de las primeras páginas, el ejemplar tiene una dedicatoria manuscrita: “A mi querida Estelita, con un gran abrazo, Ángel. Caracas, mayo de 1962”. El autor desconoce la identidad de Estelita.
Ángel Rosenblat nació en 1902 en Wegrow, Polonia, en una familia judía. A los seis años llegó a Argentina, donde se formó en el Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires. Fue discípulo de Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña, y participó en la preparación de la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana (1930-1946). En el momento de aparición de esa colección, Rosenblat estudiaba en la Universidad de Berlín y, años más tarde, integraba el Centro de Estudios Históricos Ramón Menéndez Pidal, en Madrid, antes de la Guerra Civil Española.
En 1946 llegó a Venezuela desde Argentina por invitación del ensayista merideño Mariano Picón Salas, con quien fundó en 1947 el Instituto de Filología Andrés Bello de la Universidad Central de Venezuela. Allí también fue profesor de la Escuela de Letras, donde tuvo como alumna a la escritora María Fernanda Palacios. En 1950 se nacionalizó venezolano y vivió el resto de sus días en Caracas, donde conoció a su esposa Carmen Elena Mendoza, con quien tuvo tres hijos. Falleció en septiembre de 1984.
El autor de la nota original, que estudió en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, señala que la obra de Rosenblat conecta sus dos mundos. Cita las memorias del filólogo: “Los viajes sabe uno cuándo empiezan, nunca cuándo terminan y dónde”.
