A 40 años de Chernóbil, un análisis de los accidentes nucleares más graves y su impacto real frente a otras causas de mortalidad global.
El accidente nuclear de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986, hace exactamente 40 años. La central nuclear, construida en épocas de la URSS, ubicada en el norte de Ucrania, a 18 km de la ciudad de Chernóbil y a 17 km de la frontera con Bielorrusia, es considerado como el más grave accidente nuclear. Las muertes iniciales fueron 31, las cuales ocurrieron en las semanas posteriores al accidente, entre bomberos y personal de la planta, por la radiación recibida. Las muertes a largo plazo fueron proyectadas por la OMS en unas 4.000, por cáncer, debido a la radiación 400 veces mayor que la normal. Afectó también a Europa, provocando consecuencias ambientales y de salud a largo plazo. El accidente comenzó durante una prueba de seguridad, simulando un corte de energía eléctrica, hasta que los generadores eléctricos de respaldo volvieran a suministrar energía para hacer circular el agua de enfriamiento. De resultas de diversas fallas ocurrió una explosión de vapor y un incendio, que dispersó material radiactivo.
El accidente nuclear de Fukushima, Japón (2011), lo provocó un terremoto (escala 9) seguido por un tsunami que inutilizó, por inundación, las bombas de refrigeración, dando lugar a la emisión de radioisótopos al medio ambiente. La mayor parte de las emisiones a la atmósfera fueron transportadas por los vientos hacia el océano Pacífico. Japón solo reconoció una muerte, 16 personas con lesiones físicas debido a explosiones de hidrógeno, y 2 trabajadores llevados al hospital con posibles quemaduras por radiación; el resto de muertos y heridos se atribuyó a los efectos del tsunami. No se han observado muertes relacionadas con la radiación ni enfermedades graves entre los trabajadores y el público en general. En resumen, el accidente afectó muy poco a la población.
El accidente nuclear de Three Mile Island, EE.UU. (1979), clasificado en el nivel 5 de la escala INES, liberó gases radiactivos a la atmósfera, provocando la evacuación de casi 100.000 personas y un pánico nacional que frenó el desarrollo de la energía nuclear por décadas. No ha sido el único en EE.UU.; se han registrado al menos 56 accidentes menores en diversos reactores nucleares.
Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki (1945) causaron la muerte de más de 200.000 personas, que murieron instantáneamente o en los meses siguientes. El 80% de esas muertes fue causada por la onda expansiva y el calor extremo, mientras que la radiación directa causó un porcentaje menor, pero significativo.
Energía nuclear, el tren al que no nos estamos subiendo. Las de Hiroshima y Nagasaki fueron explosiones nucleares diseñadas para maximizar la destrucción física, concentraron su daño en un área local. Las ciudades japonesas se reconstruyeron rápidamente, mientras que la zona de exclusión de Chernóbil sigue siendo principalmente inhabitable.
Sorprenderá que los mosquitos, considerados los animales más letales del mundo, causan más de 700.000 muertes todos los años. Esta alta cifra se debe a su capacidad para transmitir enfermedades graves como la malaria (la principal causa, con 400.000 anuales), dengue (decenas de miles de muertes anuales), zika y fiebre amarilla. Además, provocan más de 700 millones de infecciones anuales. Como todo esto ocurre en zonas tropicales y subtropicales, poco desarrolladas, son menos visibles para el mundo occidental.
Los conflictos armados son más letales aún. Se estima que desde 1900, 187 millones de personas han muerto directa o indirectamente por guerras. Entre 2021 y 2024, casi 740.000 personas murieron en conflictos armados a nivel mundial, marcando el periodo más violento desde la Guerra Fría. Solo en 2024, más de 48.000 personas perdieron la vida, con un civil falleciendo cada 12 minutos, principalmente en zonas de conflicto activo. Los conflictos principales (2021-2024) sucedieron en: Etiopía (290.000 muertes), Ucrania (250.000), Gaza (50.000 muertes) y Sudán (5.000), siendo civiles la mayoría de las víctimas y, en particular, los niños. También los homicidios superan ampliamente a las víctimas directas de conflictos armados: casi 500.000 (2017).
Pero hay una noticia aún más terrible. Se estima que el hambre y la desnutrición causan más de 3 millones de muertes anuales de niños menores de cinco años, representando casi la mitad de las muertes infantiles en esa franja de edad. La ONU indica que cerca de 24.000 personas mueren diariamente por causas relacionadas con el hambre, de los cuales alrededor de 18.000 niños y niñas mueren diariamente debido a la desnutrición y causas relacionadas, lo que representa cerca del 75% del total de muertes diarias por hambre. Además de las muertes directas, millones de personas fallecen por desnutrición crónica y «hambre oculta», que debilita el sistema inmunológico. En 2024, el hambre agudo afectó a un récord de 295 millones de personas.
