En Costanera Norte, La Nube se presenta como un espacio versátil a cielo abierto que busca ofrecer una alternativa para estudiantes y vecinos, combinando gastronomía, eventos y actividades al aire libre.
“Queremos seguir siendo un espacio versátil donde puedas leer un libro en paz un domingo con música de fondo o bailar con un taco en la mano frente al río”, dice Sofía Donzelli. La frase funciona como una síntesis posible de La Nube, un predio a cielo abierto en Costanera Norte que intenta no quedar atrapado en una sola etiqueta: no es solo un bar, no es solo un espacio para fiestas, no es un boliche y tampoco un salón de eventos tradicional.
El proyecto tiene un núcleo familiar: Santiago Nosiglia, uno de los dueños, es el padre de Violeta Nosiglia, y Violeta y Sofía son primas. Santiago viene de la gastronomía y de la construcción; Violeta estudió Relaciones Internacionales y se formó en la producción de eventos; Sofía es licenciada en Artes Escénicas y está a cargo de la comunicación. En el día a día, Sofía y Violeta llevan adelante la operación cotidiana del espacio y trabajan sobre la curaduría de eventos, fiestas y gastronomía.
“La Nube es, ante todo, un espacio. Nos gusta llamarlo un espacio en movimiento a cielo abierto”, define Sofía. Esa idea de movimiento aparece en casi todo: en la programación, en los usos posibles del predio y en la forma en que el lugar busca transformarse según el día, la hora y el público. “Teníamos el lugar y la estructura, y siempre nos imaginamos que todo podía convivir acá dentro: desde fiestas y obras de teatro hasta clases de yoga o un club de running”, agrega.
La Costanera aparece como territorio y, al mismo tiempo, como desafío. “No queremos competir con nadie. Sabemos que la Costanera tiene un público muy marcado y un imaginario ya armado, pero sentimos que no había una oferta para otro tipo de públicos”, plantea Sofía. La apuesta, entonces, no pasa por copiar el circuito que ya existe, sino por construir una alternativa con vida diurna, propuestas gastronómicas y eventos seleccionados.
La cercanía con el público universitario fue parte de la mirada inicial. Santiago cuenta que, cuando apareció el predio, el proyecto se pensó con una lógica de uso cotidiano, no solo nocturno. “Cuando apareció el lugar, la visión siempre fue pensando en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU). Por eso surge la idea de tener un criterio arquitectónico que guarde relación con las materias de diseño y que el lugar sea ocupado por los estudiantes”, explica. Violeta lo lleva a una imagen más concreta: “Apuntamos mucho a los estudiantes de la FADU, que están a diez minutos caminando y no tenían un lugar lindo para tomar un café o una cerveza después de cursar. Queremos ser ese ‘abrazo’ de Ciudad Universitaria”.
“La idea era establecer un paralelismo y crear un ambiente pensado para estudiantes, con ofertas y diseños específicos para ellos”, dice Santiago. En La Nube, la diferencia está en el entorno: el espacio permite sumar after office, música y eventos al aire libre. Para Santiago, Ciudad Universitaria quedó incompleta respecto de su idea original. “El concepto original era que fuese una ciudad completa: para estudiar, vivir y también para el ocio. Sentimos que eso quedó a mitad de camino y terminó siendo una isla que no le ofrecía nada a los estudiantes en términos de gastronomía o salidas”, señala.
Uno de los rasgos más reconocibles del lugar es la rampa circular. Funciona como recorrido, mirador y gesto arquitectónico. Quien entra tiende a subirla casi por impulso: la circulación se vuelve parte de la experiencia. “La gente entra y lo primero que hace es subir la rampa por la experiencia del círculo, sin importar lo que haya arriba”, cuenta Sofía. En la terraza se hacen eventos, pero ella también imagina otros usos: “Mi sueño personal, por mi formación, es que en algún momento ese círculo sea el escenario de obras de teatro”.
Santiago explica que el proyecto fue colaborativo. La idea original contemplaba un techo para todo el predio, proyectado por la arquitecta marplatense Gretel Cerro, pero luego decidieron avanzar con una propuesta a cielo abierto. En esa etapa apareció Alejandro Ha, director de obra y arquitecto de la FADU, quien terminó de desarrollar la rampa y la subida a la terraza. “Ese círculo en el medio es lo que le da carácter al lugar y surgió naturalmente al definir mejor el producto y al consumidor”, explica Santiago.
La rampa no había nacido como emblema, pero terminó ocupando ese lugar. “Originalmente tenía una función más operativa, pero terminó siendo el rasgo distintivo”, reconoce. Y agrega: “Hay algo casi filosófico en el recorrido: es como materializar el tiempo en volumen. Mientras vas subiendo, vas paneando todo el lugar; es una continuidad de elevación”.
La programación no se arma como una agenda abierta a cualquier propuesta. Sofía y Violeta explican que la curaduría es parte de la identidad del espacio: seleccionan fiestas, eventos y proyectos gastronómicos que puedan convivir con el concepto general de La Nube. “No cualquiera puede hacer una fiesta acá porque no somos un salón de eventos tradicional”, dice Sofía. La decisión no pasa solo por la convocatoria, sino por mantener la coherencia del espacio.
