Marie Jeanneret, enfermera suiza, fue condenada por envenenar al menos a seis personas con atropina. La Justicia estimó que pudo haber más de 30 víctimas.
Marie Jeanneret fue una enfermera suiza que se convirtió en asesina serial tras envenenar y matar al menos a seis personas con atropina, un derivado de la belladona, aunque la Justicia estimó que pudieron ser más de 30.
Nacida el 13 de enero de 1836 en Locle, en el cantón suizo de Neuchâtel, Jeanneret también intentó asesinar a más personas. La Justicia constató otras tres que lograron salvarse y permitieron llevar adelante la investigación con éxito.
Jeanneret quedó huérfana muy joven y fue criada por su tío. Sus padres le habían dejado una herencia. Ella ofrecía sus servicios de enfermería a cambio de alojamiento y comida. Con el tiempo desarrolló una obsesión con su propia salud y se automedicó con atropina durante tres años para tratar diversos síntomas que los médicos consideraban en gran parte imaginarios.
Un doctor notó su preferencia por los tratamientos sobre los remedios, especialmente si le causaban dolor, y le exigió que le quemara la espalda con un hierro al rojo vivo. Jeanneret ya tenía marcas en la columna vertebral que demostraban que ya había conseguido lo que quería, pero aun así la consideraron lo suficientemente cuerda.
En junio de 1868, Marie-Catherine Fritzgès, de 24 años, enfermó en la pensión Desarzens de Ginebra y finalmente lograron salvarla. Fritzgès había entablado amistad con otra huésped, Jeanneret, que en ese entonces tenía 32 años y que fue quien la envenenó con grandes dosis de atropina.
La víctima más joven de Jeanneret fue Jenny-Julie Juvet, de 11 años, a quien la enfermera le había dado bombones. La víctima de mayor edad fue Louise-Marie Lenoir, de 72 años.
En el juicio, Jeanneret declaró que había administrado los medicamentos con la convicción de que mejorarían a los pacientes. El juez le preguntó: «Al ver los resultados de sus tratamientos, ¿por qué continuó administrándolos?». Ella no dio una respuesta y se limitó a decir que amaba a sus pacientes.
El jurado se negó a imponerle la pena de muerte, porque entendía que también había salvado otras vidas y no quedaba claro si su intención era matar a esas víctimas. Esa determinación llevó a las autoridades de Ginebra a abolir por completo la pena capital. Le dieron 20 años de prisión, la pena máxima para ese momento, tras declararla culpable con circunstancias atenuantes.
Jeanneret murió el 4 de abril de 1884 en Ginebra, a los 48 años.
