La proporción de personas con ingresos bajos cayó en 2025, pero el 1% más rico pasó a ganar 31,5 veces más que la mitad más pobre.
La proporción de la población brasileña con un ingreso familiar per cápita de hasta medio salario mínimo cayó del 25,7% al 24,4% durante 2025. Ese límite equivale a 136 euros, unos 810,5 reales.
En términos absolutos, 52,4 millones de personas se encontraban dentro de ese rango de ingresos en 2025, lo que representa 1,4 millones menos que en 2024.
La mejora también se reflejó en el mercado laboral. La tasa de desempleo descendió al 5,6%, mientras que el ingreso real promedio proveniente de todas las fuentes alcanzó los 570 euros, equivalentes a 3.376 reales. Ese valor significó un aumento del 5,3% respecto de 2024.
La desigualdad aumentó entre los sectores más ricos y pobres
A pesar de la reducción de la población con menores ingresos, la distancia entre los extremos de la distribución económica se amplió. El ingreso promedio del 1% más rico llegó a ser 31,5 veces mayor que el del 50% más pobre. La diferencia aumentó 1,3 puntos respecto de 2024. También creció la distancia entre otro de los grupos de mayores ingresos y los sectores más vulnerables: el ingreso del 10% más rico pasó de ser 13,2 a 13,8 veces superior al del 40% más pobre.
Las diferencias también son de género y raza
El ingreso promedio de las mujeres representa el 72% del de los hombres. En el caso de las mujeres negras, el ingreso promedio fue de 368 euros, unos 2.184 reales, una cifra equivalente al 42% del ingreso registrado por los hombres no negros.
Durante 2025, el 33,1% de las mujeres negras y el 29,4% de los hombres negros se encontraban dentro del grupo de personas con ingresos de hasta medio salario mínimo. En comparación, esa proporción fue del 16,5% entre las mujeres no negras y del 15,3% entre los hombres no negros.
También hubo avances en otras áreas sociales
Los datos de 2025 muestran mejoras en indicadores vinculados con las condiciones de vida, como la seguridad alimentaria, la alfabetización y el acceso a la educación superior. Sin embargo, esos progresos conviven con brechas regionales y raciales.
