El exjugador de Belgrano y captador de talentos con más de tres décadas de trayectoria advierte sobre la presión temprana en el fútbol infantil y defiende la formación basada en el juego.
Hay una escena que se repite en el país: un chico juega, alguien lo observa, un teléfono registra, un video circula y, en algún punto de esa cadena, alguien decide que allí puede haber un futuro futbolista. Lo que antes podía suceder casi por accidente, hoy tiene departamentos de scouting, coordinadores, captadores, bases de datos, redes sociales, pruebas y una competencia por llegar primero.
Pablo Kratina, exjugador de Belgrano y referente nacional como captador de jóvenes promesas, lleva más de tres décadas dedicado a la observación de talentos. “Lo primero que vemos es la técnica individual”, le dijo a Perfil Córdoba.
Kratina jugó en Belgrano, Las Palmas, General Paz Juniors, Sportivo Belgrano, Estudiantes de Río Cuarto, San Martín de Mendoza y Patronato de Paraná, entre otros; además vistió las camisetas de Alianza Atlético de Perú, Municipal de Perú, Audaz Octubrino de Ecuador y Santos Laguna de México.
Cuando estaba dando los últimos pases con la casaca de Agrario de Corralito, en la Liga Regional de Río Tercero, empezó a meterse en el mundo de la captación. Trabajó como cazatalentos para Racing Club (durante 10 años), el ‘Pirata’, River, Instituto, Racing de Córdoba, Aldosivi, Huracán, Tigre, Aldosivi y actualmente se desempeña en Lanús.
“Cada club tiene identidades distintas”, explica. Para él encontrar un futbolista no consiste sólo en determinar si juega bien, sino en descubrir si sus características pueden desarrollarse dentro de una estructura. “Cuando vos buscás las características, tenés que buscarlas como lo hace el club”, explica.
Es observar al jugador que tiene adelante y al mismo tiempo intentar imaginarse al futbolista en que podría convertirse. “Hay pibes que no demuestran todo en una prueba, pero en algunos movimientos te das cuenta que son interesantes. Entonces hay que llevarlo, porque tiene lo mejor”, cuenta, quien calcula que tiene más de 30 jugadores que alcanzaron el fútbol profesional.
Mientras este deporte aprendió a mirar con mayor precisión, el fútbol infantil también cambió y allí Kratina se detiene con preocupación. “A mí no me gusta llevar chiquitos”, aclara, y explica por qué prefiere trabajar con chicos de 13 años en adelante: “Los chiquitos tienen que disfrutar de la infancia”, asegura.
En la charla cuenta que los clubes ya están buscando nenes de entre 9 y 11 años y que los padres también están en esa búsqueda temprana. “Para mí pierde la niñez, pierde la infancia, pierde todo”, afirma.
También están los padres. Kratina explica que los escucha porque parte de su trabajo consiste en estar allí. Dice: “Tenés padres que acompañan bien, también padres que quieren salvarse con el hijo y otros que quieren que el pibe juegue sí o sí”.
Y analiza: “La mayoría de los padres son quejosos, pero hay de todo. Hoy las redes también te venden una situación que no es la real, porque te muestran lo que es Messi, lo que es Julián Álvarez o Enzo Fernández, pero no todos llegan a ese nivel. En el fútbol podés jugar en la elite de Europa o hacer carrera en el ascenso. También hay que saber que el porcentaje de jugadores que llegan a Primera no llega ni al 2%”.
Por eso su mirada se dirige a los formadores y a una palabra que considera central: ayudar. “Hay que formar, ayudar, acompañar”, explica. Para él, en las primeras edades el resultado debería ocupar un lugar secundario. Y sentencia: “Lo primero es que tiene que aprender es a jugar. Porque la mejor forma de aprender es jugando”.
En ese marco, creó su propia escuela de fútbol en 1998. Allí decidió sacar la competencia del centro: no hay campeonatos ni tablas de posiciones. “Los chicos se divierten, la pasan bien. Yo les aviso a los padres que en la escuela no es para ganar”. Juegan todos, y cuando aparece un chico que ya está preparado para otro escenario, se lo dice a la familia: “Cuando el pibe anda bien, yo te voy a decir: llevalo a un club”.
Recorre Córdoba, desde la capital hasta el interior. Cuenta que hay una franja que considera especialmente fértil, desde Río Cuarto hacia Villa María y San Francisco, extendiéndose hacia Santa Fe. “Es una zona de buenas ligas y competencia intensa, donde tienen buena alimentación”, añade.
El ex-Belgrano conoce la tensión, porque ha vivido buena parte de la transformación del fútbol. “Antes a nadie se le ocurría tener una dirección de scouting. Hoy esto se ha convertido en un pie fundamental para divisiones inferiores”, dice.
Sin embargo, después de tantos años, cuando se le pregunta qué distingue al futbolista vuelve al principio: “La técnica”, sentencia.
