Genevieve Beals se mudó hace 18 meses a la península de Long Beach para alejarse de los incendios forestales. Las mareas altas y el oleaje llegan hasta la puerta de su vivienda alquilada. La ciudad advirtió en 2019 que las inundaciones serían más frecuentes y que no habría solución de ingeniería ni financiamiento público.
El refugio que Genevieve Beals buscó junto al mar después de escapar dos veces de los incendios forestales en Corona, California, quedó expuesto a olas que alcanzan la puerta de su vivienda alquilada en la península de Long Beach.
La residente se mudó hace 18 meses a la costa para alejarse de ese riesgo, pero ahora afronta inundaciones durante las pleamares y oleajes que golpean el paseo marítimo.
“Es como si estuviera otra vez en lo mismo”, afirmó Beals el lunes, en declaraciones recogidas por el Los Angeles Times. Los incendios que obligaron a evacuar su condominio le dejaron síntomas leves de estrés postraumático.
Según relató Genevieve, el destello del sol sobre ventanas ubicadas en una ladera le provoca ansiedad y reactiva esos recuerdos.
Las olas avanzan por la calle frente al departamento que alquila Beals
El agua salada pasa frente a la puerta del departamento de Beals con las mareas altas. A pocos metros del inmueble, las olas rompen contra el paseo marítimo y lanzan espuma hasta una altura equivalente a tres pisos.
El sobrevuelo constante de helicópteros de canales de televisión completa el escenario que encontró en el lugar al que se trasladó en busca de calma.
La primera señal llegó en agosto, cuando una marea de sicigia, conocida en inglés como king tide, empujó grandes olas contra las casas situadas sobre el paseo.
Desde entonces, una secuencia de tormentas tropicales y huracanes envió trenes de oleaje hacia la costa de California, impulsados por las aguas inusualmente cálidas del Pacífico central y oriental durante El Niño.
Las playas orientadas al sur de Long Beach y Newport Beach recibieron los impactos más fuertes. El fenómeno climático se prolongaría al menos hasta febrero y sus efectos podrían persistir hasta la primavera, según informó el Los Angeles Times.
La ciudad de Long Beach avisó a los residentes que se esperan nuevas mareas de sicigia a finales de noviembre, durante diciembre —incluido el día de Navidad— y otra vez a finales de enero. “Nos vienen advirtiendo de esto desde hace años”, dijo Beals mientras otra ola golpeaba el paseo y salpicaba los balcones vecinos.
Long Beach había advertido que las inundaciones serían cada vez más frecuentes
En 2019, funcionarios municipales comunicaron a los vecinos de la península que podrían permanecer allí durante una o dos décadas más, siempre que aceptaran inundaciones importantes y cada vez más frecuentes.
También les indicaron que no debían esperar una solución de ingeniería ni financiamiento público que eliminara el riesgo.
Jerry Schubel, entonces presidente y director ejecutivo del Acuario del Pacífico, sostuvo que la única alternativa efectiva era “una retirada ordenada de la costa”.
La advertencia respondía a la amenaza del aumento del nivel del mar, que expone a este sector costero a mareas más altas y al impacto de los temporales.
Antes de comprar el condominio de Corona con su padre, Beals conocía el peligro de incendios forestales y aseguró que ambos evaluaron los riesgos.
Aun así, tuvo que dejar la vivienda en dos ocasiones cuando el fuego se acercó. La mudanza a la península parecía una salida de ese ciclo, hasta que el mar comenzó a irrumpir en el entorno de su nuevo hogar.
El vencimiento del contrato obliga a Beals a decidir si vuelve a mudarse
El contrato de alquiler de Beals está por vencerse y puede abandonar el departamento con un aviso de un mes. Sin embargo, no sabe adónde trasladarse. “¿A dónde iría?”, planteó ante el diario.
Para ella, las montañas expuestas al fuego y la costa afectada por el oleaje convirtieron dos paisajes emblemáticos de California en fuentes de incertidumbre.
Cuando el sol sale y la calle permanece seca, Beals todavía disfruta de vivir frente al mar. Pero las próximas mareas previstas volverán a poner a prueba el lugar que eligió como refugio tras los incendios.
