El cantante se presentará el viernes 23 de octubre en el Teatro Gran Rex con un espectáculo que combina clásicos y nuevas canciones. En una entrevista, describió su rutina en Traslasierra, su proyecto de vida autosuficiente y el vínculo con sus hijos.
El próximo viernes 23 de octubre, Axel volverá al Teatro Gran Rex con «Así Vivir Tour», la gira que lo encuentra recorriendo distintos escenarios de Argentina y Latinoamérica. Con más de dos décadas de trayectoria, el cantante prepara un espectáculo que combina las canciones de su último trabajo con los clásicos que marcaron su carrera y que todavía hoy el público canta de principio a fin.
La gira llega después de un 2025 en el que realizó más de 70 conciertos en Argentina, Latinoamérica y España. En paralelo, el artista presentó La Noche Sin Ti, una nueva versión del tema de Juan Fuentes que grabó junto al cantante y Valen Vargas, en un cruce entre el pop y el folklore que también tendrá continuidad con otra canción, Rosa del Inca.
Detrás del músico que sigue convocando multitudes hay otra faceta que Axel eligió construir lejos de la exposición cotidiana. Hace 11 años se instaló con su familia en Traslasierra, Córdoba, donde apostó por una vida en contacto con la naturaleza, una educación diferente para sus hijos y una casa con un sistema de energía y recursos sustentables.
Padre de Águeda, Aurelia, Fermín y Gregorio, fruto de su relación con Delfina Lauría, de quien se separó en enero de 2024 después de 16 años en pareja, Axel también atraviesa una etapa en la que empieza a acompañar los proyectos musicales de su hija mayor.
“Estoy muy emocionado por volver al Rex. El otro día me decían los fans que es mi Gran Rex número 16, así que ese lugar es como mi casa”, le contó Axel a Clarín.
“Es un concierto que está muy amalgamado, muy potente pero sensible, con los clásicos de siempre pero también con todo lo nuevo. Así que va a ser una gran noche”, adelantó sobre una gira que también busca transmitir un mensaje muy especial.
—¿Qué diferencias notás entre tu primer Gran Rex y el número 16?
—Un montón. La primera vez que pisé el Rex fue en el año 2005, hace 21 años, así que de ahí para acá hubo mucho camino. Hoy nuestro concierto dura dos horas y media y lo canta la gente. El 80% lo cantamos juntos y se genera una energía muy de familia, muy de amigos, muy linda. Es un concierto donde hay mucho mensaje, un espacio lindo para la palabra.
—¿Cómo reacciona la gente con las canciones nuevas y con los clásicos?
—Cantar los clásicos es cantar a una sola voz. Le intento dar una vuelta para darle una renovación, pero soy muy respetuoso con que a la gente le gusta escuchar la original. Entonces intento que no pierdan la esencia. Después siempre busco renovar la parte sonora del show y la gente reacciona muy bien. Porque es un público que te sigue, que muchas veces viene por lo que pasó, pero también expectativa por lo nuevo, algo que sorprenda.
—Decís que el show tiene un mensaje especial, ¿qué querés transmitir con el espectáculo?
—La gira se llama Así Vivir porque habla un poco de la vida misma, de los matices que nos da la vida. Si pudiéramos elegir, elegiríamos solo las cosas buenas, pero no funciona así. La vida te eleva y te tira al piso. La vida te enamora y te rompe el corazón. La vida te abraza, te da personas hermosas cerca y te las quita también. Entonces habla un poco de eso, de los contrastes de la vida, de un arcoíris que no siempre está tan brilloso y tan colorido como nos gustaría, pero que eso debe ser un desafío, debe ser el camino para crecer, para aprender, para mirar de manera estoica a las cosas que nos llegan.
—¿Qué te gustaría que se lleve la gente después de verte?
—A mí me gusta que la gente llegue de una manera al concierto y se vaya de otra, más alegre, más contenta, habiendo desahogado emociones, más luminosa, con el alma más arriba.
—También acabás de lanzar La Noche Sin Ti junto a Juan Fuentes y Valen Vargas. ¿Qué lugar ocupa el folklore en tu historia?
—No todo el mundo lo sabe, pero yo empecé cantando folklore de chico con mis papás, mi viejo es músico y mi mamá era profesora de danzas folclóricas. En las reuniones familiares, cumpleaños, Navidades, era todo folklore. Entonces cuando yo estoy de gira en provincias como San Juan, Mendoza, Jujuy, Salta, Tucumán, Corrientes, siempre en los bises, como un mimo a la gente, me siento al borde del escenario, agarro un bombo legüero o la guitarra y canto alguna canción del lugar, una zamba, una chacarera, un chamamé…
—¿Cómo surgió el tema?
—Mi primo me dijo que le gustaba mucho esa canción de Los Huayra y yo le dije que conozco al cantante original. Le envío un mensaje, como en octubre del año pasado, felicitándolo por la canción y ahí quedó. Y en febrero o marzo me habló para grabarla juntos. Empezamos a coquetear con Sony y pensamos en sumar más artistas, propuse a Valen con quien yo ya venía hablando para conectar. Y ahí apareció la posibilidad de grabar el videoclip en Catamarca.
—Y ahora viene otro tema juntos…
—Sí, compuse un tema que sale ahora, con Juan y Valen también, que se llama Rosa del Inca. Me recuerda a un viaje que hice cuando era chiquito con mi familia en casa rodante y mi viejo me compró una piedra rodocrosita, la piedra nacional de nuestro país, que tenía una leyenda y se extrae en Catamarca. La leyenda habla de la hija de un cacique que se enamora de un guerrero, con quien no podía estar, y se escapan juntos y los matan. Y ellos mueren abrazados y su sangre unida chorrea a la piedra en la forma de la piedra, que es blanca con tintes rojos. Y la canción está inspirada en esa historia, con mucho folklore, y sale en un mes.
—¿Te interesa seguir haciendo canciones con artistas jóvenes que vienen de otros géneros?
—Me re pasa. La semana pasada, por ejemplo, vino Max Carra a mi estudio en Buenos Aires, para conocernos, charlar, tomamos unos mates, unas facturas. Me dijo de hacer un TikTok y un reel para Instagram para su sección Viajemos en el tiempo y cantamos Te voy a amar a las 11 de la noche. Y el video superó el millón de visitas en unos días. Yo escucho todo, estoy re abierto a cantar.
Axel y su vida en Córdoba: la casa autosustentable, sus hijos y la música
Aunque su carrera continúa ligada a los escenarios y a las giras, desde hace más de una década Axel tiene su centro de vida en Traslasierra. La decisión de mudarse a Córdoba estuvo relacionada con la búsqueda de una educación diferente para sus hijos, pero con el tiempo se convirtió en una elección de vida que también atraviesa su relación con la naturaleza y el consumo.
En ese entorno, el cantante desarrolló una casa con paneles solares, recuperación de agua de lluvia y una huerta orgánica.
Su interés por la autosuficiencia va más allá de lo cotidiano: también se define como “prepper”, una persona que se prepara para afrontar situaciones de emergencia, y disfruta de aprender a resolver las necesidades básicas sin depender por completo de los servicios habituales.
Esa vida no significa, sin embargo, un alejamiento absoluto del mundo urbano. Axel sigue viajando, grabando música y recorriendo el país.
Y, mientras mantiene sus propios proyectos, acompaña el crecimiento artístico de Águeda, su hija mayor, que ya piensa en mudarse a Buenos Aires para estudiar música.
—Tu hija participa en una canción de tu último disco. ¿Cómo fue compartir ese lugar con ella?
—Un sueño hecho realidad. Yo no le meto presión, puede hacer lo que quiera de su vida y alcanzar sus sueños, pero a ella le encanta cantar. Tiene 16 años y medio y ya viene perfilándose para venir a vivir a Buenos Aires a los 18 y estudiar música. Canta muy lindo, es muy afinada. Obviamente, desde que tiene un año que se sienta en el piano conmigo.
—¿Cómo surgió la posibilidad de que cantara en el disco?
—Fue algo inesperado, no fue planificado. Ella me acompañó al estudio y ya conocía las canciones porque las voy escuchando todo el tiempo. Y ahí me dijo que quería cantar, que solo un coro para probar. Y cantó una canción tan linda, Un nuevo día, que tiene un dejo folclórico y habla de un nuevo empezar. Le dije si quería cantar una parte sola y después grabar un video para las redes y no quiso, que tenía miedo a las críticas y juicios. Yo no me percato, ya estoy acostumbrado que si me critican me importa un comino, pero ella ya en sus primeros pasos me dice que no quiere que la gente hable de ella. Así que prefiere ir haciendo su camino sola de a poco.
—¿Qué consejos le das, no como papá, sino como artista con años de trayectoria?
—Yo siempre hago énfasis en que la gente que canta bien hay millones, no es más que prender la televisión y ver los programas de canto, pero lo importante es cuando un artista trasciende, cuando logra con su voz tocar corazones, cuando logra meterse en la vida de otra persona a través de emociones. Y yo veo que mi hija está logrando eso. En los actos de la escuela canta y veo que pasa algo emocionante, veo a otros papás emocionados, transmite algo de artista. Después veremos qué pasa… yo le digo que hay que ser feliz, así vayan 10 a verte o 10 millones. Yo he tenido ciclos, de hacer un Vélez a ahora un Rex, y no soy menos feliz. Hay que hacerlo porque lo amás.
—¿Cómo fue la decisión de mudarse a una montaña en Córdoba?
—Fue justamente porque ella arrancaba primer grado y buscábamos una escuela que nos satisfaga en otros aspectos, en lo humano, en el contacto con la naturaleza, en que un chico o una chica no solamente sepa matemática, biología o ciencias sociales o política, sino que también tenga conexión con lo esencial, que sepa tejer, tallar madera, que sepa lo que es la dinámica de una huerta, que sepa hacer pan, que sepa hacer una construcción… Y había una escuela en donde teníamos la casa de veraneo en Traslasierra, en Córdoba, que ya tenía muchos años de recorrido bajo una pedagogía Waldorf que tiene que ver con todo eso.
—¿Y cómo fue la adaptación?
—Averiguamos y dijimos de ir a probar un año, de última nos volvíamos si no funcionaba. Y fue tan movilizante y tan lindo para los nenes, que vivan en medio de la montaña, con animales sueltos, al lado del río… Me impactó mucho el primer día de clases que la maestra ya sabía el nombre de cada chico y lo saludó uno por uno. Y después mantienen el mismo maestro por los seis años de la primaria, y es tutor por dos años más en la secundaria, para mantener un vínculo con el chico casi como mamá o papá. Fue tanto lo positivo de estar ahí que ya llevamos 11 años.
—¿Cómo te imaginás a Águeda viviendo en Buenos Aires cuando cumpla 18?
—Es que no es que nos aislamos allá, el primer año vinimos todos los fines de semana, el segundo año cada dos meses, el tercero cada tres… Después van a Europa, a Disney… Mi hija tiene 16 años y fue a Disney 10 veces ya. Y yo les digo que tienen que agradecer porque no es común, lo agradeceré siempre, con mucha consciencia. Por eso yo la veo re adaptable a todo esto. Y es muy normal de esos pueblos que se muden a una ciudad para estudiar. Ella se va a venir con tres o cuatro amigas a vivir, cada una estudiará lo suyo, pero para apoyarse.
—Tu casa tiene energía solar, recupera agua de lluvia y cuenta con una huerta. ¿De dónde viene ese interés por ser autosustentable?
—Yo siempre fui muy scout y me encanta la supervivencia. Con la mamá de los chicos cuando vacacionábamos ella quería un all-inclusive y yo un camping en carpa, entonces negociábamos y hacíamos un año cada uno. Mis hijos pueden recorrer Europa en avión o Argentina en casa rodante. Me encanta esa vida y me da mucha curiosidad ser lo más independiente del sistema que puede fallar en cualquier momento. Si me cortan la luz, ¿por qué tengo que estar sometido a eso?
—¿Cómo funciona esa búsqueda en la práctica?
—Hace tres años y medio me separé y me mudé a una casa a 10 minutos en la que busco hacer lo mismo. Pero la casa de los chicos tiene recupero de agua de lluvia, que se juntaba en tres piletas y se filtraba, estaba la huerta, paneles solares para energía solar y calefacción natural, aprovechar la luz, pensar en qué momento abrir las ventanas… en la pandemia repartíamos comida de la huerta a otras familias porque nos sobraba.
—¿Cómo encontrás el equilibrio entre esa vida en la montaña y la intensidad de las giras?
—Es un contraste muy necesario para mí, porque yo convivo muy bien conmigo mismo, me llevo súper bien conmigo, con mi soledad. Para mí la soledad es la edad del sol, es encontrar tu calor, tu norte, tu luz propia. Es hermoso y me siento muy bien solo. Pero llega un momento que necesito la otra parte. Me gusta estar en la carpa una semana en la montaña y después me gusta el ruido y el quilombo de la gira y miles de personas que no me dejan salir del hotel o del teatro. Me encanta, las dos cosas son necesarias para mí, para mantener mi felicidad.
